Más de 1.000 organizaciones y 17.000 voluntarios recogieron a mano, pliego a pliego, las firmas que obligaron al Congreso a debatir una regularización extraordinaria. El proceso terminó con más de un millón de solicitudes y 421.306 personas cotizando ya a la Seguridad Social. Este informe reconstruye cómo se hizo.
firmas ciudadanas recogidas y verificadas, frente a las 500.000 que exige la ley
Fuente: FCGorganizaciones de la sociedad civil respaldaron la iniciativa
Fuente: FCGvoluntarios repartidos por toda España recogieron los pliegos
Fuente: FCGvotos en la toma en consideración del texto en el Congreso
Fuente: Congreso de los Diputados, 9-4-2024solicitudes presentadas al cierre del plazo de regularización
Fuente: FCG, cierre de plazopersonas dadas de alta y cotizando ya a la Seguridad Social
Fuente: Ministerio de Inclusión, 30-9-2026La ILP no nació de una estrategia de despacho. Nació del rechazo parlamentario de 2020 y de una constatación incómoda: las personas a las que iba a beneficiar la ley no podían firmarla.
Durante la pandemia de COVID-19, una Proposición No de Ley inspirada en el proceso extraordinario que Portugal había aplicado a su población migrante, y promovida por la red Regularización YA, llegó al Congreso. Fue rechazada en el verano de 2020.
Tras ese rechazo, en febrero de 2021, el partido Por Un Mundo Más Justo (M+J) y la Fundación para la Ciudadanía Global decidieron elevar la apuesta democrática: si el debate no se abría por iniciativa de los grupos parlamentarios, se abriría por obligación legal, con firmas ciudadanas suficientes para que el Congreso no pudiera ignorarlo.
Esa decisión convirtió un bloqueo político en un problema de organización. Y un problema de organización, a diferencia de un bloqueo político, sí se puede resolver con trabajo: medio millón de firmas válidas, recogidas en papel, en la calle, una a una.
Una Iniciativa Legislativa Popular permite a la ciudadanía presentar una proposición de ley ante el Congreso. Requiere reunir 500.000 firmas válidas de personas con derecho a voto, recogidas en pliegos oficiales numerados y sellados por la Junta Electoral Central y verificadas una a una.
Alcanzado ese umbral, el Congreso está obligado a debatir y votar la toma en consideración del texto. Es el único mecanismo con el que la sociedad civil puede forzar una votación parlamentaria sin pasar por un partido.
Solo pueden firmar una ILP las personas inscritas en el censo electoral. Las más de medio millón de personas migrantes en situación irregular a las que iba dirigida la ley no podían firmar por su propia regularización. Toda la campaña dependió, por diseño legal, de la solidaridad de la ciudadanía española.
Un partido pequeño, una fundación, la Iglesia católica y el movimiento antirracista autoorganizado. Cada una aportó algo que las demás no tenían.
Fue el partido que vislumbró la ILP como mecanismo legal para sortear el bloqueo parlamentario y forzar un debate legislativo mediante la movilización ciudadana. De sus filas salió el primer firmante del texto y, sobre todo, la red de militantes que sostuvo la recogida en la calle durante meses.
Actuó como cerebro operativo y legal. Coordinó la redacción del texto, sostuvo en solitario la financiación de toda la operación y construyó la infraestructura digital que permitió descentralizar la campaña.
De ella salieron también el liderazgo ejecutivo de la campaña y la plataforma Wikizens.com, que convirtió una recogida manual de firmas en una operación nacional coordinada.
Aportó un enfoque de doctrina social centrado en la dignidad humana que conectó la campaña con sectores conservadores y tradicionales que no participan en las marchas antirracistas. Cáritas Española, CONFER, REDES y el Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal lideraron el diálogo institucional en los momentos críticos.
Parroquias y sedes religiosas funcionaron como puntos oficiales de recogida de firmas en todo el país.
Red nacional de colectivos de migrantes y personas racializadas autoorganizadas. Fue la fuerza original que presionó por una regularización extraordinaria durante la pandemia con la Proposición No de Ley de 2020, y se incorporó al Comité Promotor como pilar fundamental en septiembre de 2021.
Su presencia garantizó que la autorrepresentación de las personas migrantes permaneciera en el centro del relato, y no como objeto de la campaña de otros.
El autor formal y primer firmante del texto registrado en el Congreso fue Augustin Ndour Ndong, militante de M+J, excandidato a la Presidencia del Gobierno y trabajador de la Fundación para la Ciudadanía Global. Fue él quien, tras el rechazo de 2020, propuso esta respuesta a la dirección del partido, afirmando que se encadenaría a los leones del Congreso si hacía falta para generar conciencia.
Habiendo vivido él mismo en situación administrativa irregular en España, aportó una legitimidad que ningún argumento técnico podía sustituir. Recorrió el país interviniendo en foros de la sociedad civil, universidades y entidades religiosas, y repitió en cada uno de ellos la misma ironía de fondo: quienes más necesitaban la ley eran precisamente quienes no podían firmarla.
El proceso estuvo bajo el liderazgo ejecutivo de Jorge Serrano Paradinas, que ejerció una doble función como Director General de la FCG y Coordinador General de M+J. Actuó como coordinador general y rostro público de la ILP, lideró las negociaciones políticas con el Gobierno de España defendiendo la viabilidad económica, fiscal y de derechos humanos del proceso, y supervisó el desarrollo de la regularización extraordinaria hasta el cierre del plazo oficial de solicitudes en junio de 2026.
La Mesa del Congreso rechazó los dos primeros textos por conflictos de competencias con leyes orgánicas. La FCG diseñó un tercer borrador centrado en modificar una disposición transitoria, que logró la admisión definitiva a trámite parlamentario.
Esa decisión técnica, invisible en la calle, fue la que hizo jurídicamente posible todo lo demás: sin un texto admisible, las 700.000 firmas no habrían llegado a votarse.
El gran acierto de la campaña fue renunciar a la retórica partidista y presentarse como una medida pragmática de justicia social, derechos humanos y recaudación fiscal. Eso fue lo que rompió el bloqueo político.
Para reunir las firmas exigidas, la FCG y M+J unieron fuerzas con Regularización YA, la Fundación porCausa, Alianza por la Solidaridad y REDES. Juntos constituyeron el Comité Promotor formal bajo la campaña ciudadana #Esenciales, y utilizaron sus redes para aglutinar a más de 1.000 ONG, colectivos de migrantes y entidades religiosas.
La confluencia reunió a organizaciones que habitualmente se encuentran en extremos opuestos del espectro político, social y religioso en España. Que el Congreso aprobara la tramitación por una mayoría tan amplia demostró que la regularización no era la demanda de un sector ideológico, sino un consenso amplio de la sociedad civil.
Liderados por la red nacional Regularización YA, junto con asociaciones vecinales y defensores de los derechos humanos.
Cáritas Española, CONFER, REDES y el Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal lideraron el diálogo institucional y abrieron sus sedes como puntos de firma.
Organizaciones con fuertes capacidades técnicas y de comunicación, como Oxfam Intermón y Alianza por la Solidaridad.
El Sindicato de Vendedores Ambulantes de Barcelona (Manteros), defensores de los derechos de las trabajadoras del hogar y colectivos de temporeros agrícolas.
Especialmente el propio partido promotor, Por Un Mundo Más Justo (M+J), que aportó estructura, militancia y la figura del primer firmante.
Diseñada y financiada por la FCG, fue el sistema centralizado que permitió descentralizar la recogida. Sin ella, coordinar a 17.000 personas repartidas por toda España habría sido imposible.
Cualquier ciudadano español que quisiera colaborar podía registrarse en la plataforma. El sistema procesaba la solicitud el mismo día y gestionaba el envío postal de los pliegos oficiales —previamente numerados y sellados por la Junta Electoral Central— directamente al domicilio del voluntario.
Un mapa público interactivo permitía registrar locales comerciales, parroquias y sedes de ONG como puntos fijos, de modo que cualquier persona pudiera consultar a qué lugar acudir a firmar.
El panel de control mostraba en todo momento tres métricas: las firmas requeridas por ley, las firmas comprometidas por los voluntarios y las firmas ya recogidas y verificadas físicamente. El sistema vinculaba además cada perfil con su organización, de forma que las firmas recogidas individualmente por activistas se sumaban de manera automática al recuento de su red en los gráficos públicos del sitio.
Publicar el contador en abierto convirtió la recogida en un esfuerzo colectivo medible. Cada pliego devuelto movía una cifra que todo el mundo podía ver, y la atribución por redes permitió que cada organización siguiera su propia aportación en tiempo real.
Tras el éxito del proceso, la Fundación decidió poner el aprendizaje tecnológico a disposición de la sociedad. En 2025 la plataforma evolucionó hasta convertirse en Boreal.es, un ecosistema digital permanente y abierto que presta asistencia gratuita a cualquier colectivo que quiera promover futuras Iniciativas Legislativas Populares a nivel municipal, autonómico, nacional y europeo.
María del Carmen Paradinas Riestra, veterana militante de M+J y voluntaria de la FCG, convirtió su vivienda en el nodo por el que pasaron los pliegos de ida y las 700.000 firmas de vuelta.
Desde la casa se enviaban las hojas de firmas oficiales a los 17.000 voluntarios distribuidos por toda España, cada pliego numerado y sellado por la Junta Electoral Central.
Salón, pasillos y dormitorios se llenaron de cientos de cajas de cartón destinadas a almacenar, organizar y clasificar los miles de pliegos físicos que llegaban de todo el país.
En la etapa final, la casa sirvió como punto de encuentro para decenas de militantes de la sede de Madrid de M+J, que dedicaron un mes entero a revisar y validar los cientos de miles de firmas recibidas, coordinados por Raquel Torrejón y David Meco.
Las cajas salieron de allí rumbo a la Carrera de San Jerónimo. En la fachada del Congreso, las letras ILP formadas con cajas de la campaña anunciaron la entrega de las 700.000 firmas.
Participaron más de 1.000 comités y ONG, pero el grueso del apoyo que permitió superar con creces el medio millón exigido se concentró en seis organizaciones y en un puñado de personas que estuvieron en la calle durante meses.
Figura 1 · Registro oficial de recogida de firmas de la ILP. Elaboración: FCG.
Figura 2 · Registro oficial de recogida de firmas de la ILP. Elaboración: FCG.
Asumir ese coste no fue solo una decisión contable. Al cubrirlo en solitario, la Fundación alivió de la carga financiera a los colectivos de migrantes autoorganizados, como Regularización YA, que participaban en la coalición sin estructura económica comparable.
El resultado fue una alianza sostenida sobre la igualdad de esfuerzo operativo: cada organización aportaba su red y su trabajo, y ninguna quedaba fuera por no poder pagar la impresión de los pliegos o el franqueo de la correspondencia.
PSOE y PP comunicaron formalmente a la coordinación de la ILP que sus grupos votarían en contra. Lo que ocurrió en los días siguientes cambió el resultado por completo.
La iniciativa llegó al Congreso con la legitimidad de más de 700.000 firmas ciudadanas y el respaldo de más de 1.000 organizaciones. Aun así, en los días previos a la votación de abril de 2024 los dos principales partidos estaban dispuestos a tumbarla: los portavoces de migración Sofía Acedo (PP) y Luc André Diouf (PSOE) comunicaron formalmente al coordinador de la ILP, Jorge Serrano Paradinas, que sus grupos tenían intención de votar NO. Eso cerraba la iniciativa antes de que empezara cualquier debate.
La respuesta fue una campaña de presión en tres frentes simultáneos. La FCG financió y publicó un anuncio a doble página y a todo color en los principales periódicos españoles, señalando que PSOE y PP amenazaban con descartar una iniciativa popular sin siquiera estudiarla, y calificando esa postura de falta de respeto a los 700.000 ciudadanos que la habían firmado, a las 1.000 ONG que la respaldaban y a más de medio millón de vecinos en situación irregular que como mínimo merecían que su situación fuera estudiada por sus representantes.
En paralelo, la red de 1.000 organizaciones activó una campaña masiva: cada activista llamó directamente a cada diputado, senador o concejal que conociera personalmente dentro de ambos partidos para exigir un voto a favor. Y la Fundación facilitó una conversación decisiva entre el Portavoz General del PP, Miguel Tellado, y el Presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello. La implicación del liderazgo católico ejerció la presión moral definitiva sobre el bloque conservador.
Ambos partidos pasaron del «No» al «Sí» justo el día antes de la votación.
Gobiernos regionales conservadores, VOX y plataformas antiinmigración presentaron recursos de urgencia ante el Tribunal Supremo pidiendo la suspensión cautelar del Real Decreto a mitad de camino, alegando una supuesta colisión con el Pacto Europeo sobre Migración y Asilo y presionando para elevar el caso al Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
El Supremo rechazó las solicitudes de emergencia y se negó a suspender el mecanismo, blindando la ventana de ejecución legal frente a la guerra jurídica.
Tras la victoria, la iniciativa pasó a la Comisión de Migraciones, donde todos los grupos empezaron a negociar enmiendas. Después de más de un año de negociación texto por texto, hacia diciembre de 2025 los promotores habían asegurado el consenso suficiente para garantizar la aprobación parlamentaria final, con la votación definitiva programada para febrero de 2026.
Al conocer que el texto saldría adelante, el Gobierno decidió adelantarse al relato. En enero de 2026 aprobó un Real Decreto nacido de un acuerdo político entre PSOE y Podemos, poniendo en marcha el proceso de regularización extraordinaria más ambicioso de la historia de la democracia española.
El Real Decreto 316/2026 abrió una ventana excepcional del 16 de abril al 30 de junio de 2026 para que las personas migrantes que ya vivían y trabajaban en España en situación irregular pudieran solicitar un permiso de residencia y trabajo de un año. Cada solicitante debía demostrar estrictamente el cumplimiento de tres requisitos.
Residir en territorio español antes del 1 de enero de 2026. La regularización fue retroactiva: no otorgaba ningún derecho a quien llegara después.
Acreditar al menos cinco meses de estancia continua e ininterrumpida en el momento de presentar la solicitud.
Carecer de antecedentes, ni en España ni en el país de origen, durante los últimos cinco años.
Durante la ventana de implementación, el trabajo de los promotores cambió del activismo político a la gestión administrativa de alta precisión. Era crítico evitar que el mecanismo estatal colapsara bajo las trabas burocráticas.
El obstáculo más grave era demostrar el arraigo comunitario y la exclusión social ante los ayuntamientos para obtener los informes oficiales. La FCG lanzó entonces el portal certificadovulnerabilidad.es, tras ser acreditada oficialmente por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. La plataforma eliminó las colas físicas y permitió a miles de solicitantes tramitar su acreditación en línea, de forma segura y gratuita, sorteando el colapso de los servicios sociales municipales.
Diseñada por Alejandro Plans Beriso (portavoz de M+J y director de comunicación de la FCG), incorporaba verificaciones estrictas para que todos los certificados fueran plenamente válidos ante la Oficina de Extranjería: geolocalización precisa activada, copia escaneada del pasaporte original y un vídeo de dos minutos en el que el solicitante justificaba verbalmente su situación de exclusión y vulnerabilidad.
Para ampliar el alcance en una ventana tan corta, la FCG firmó convenios con colegios profesionales, de forma destacada con el Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM). Los abogados colegiados pudieron tramitar de forma masiva, directa y segura los expedientes de sus clientes más vulnerables a través de la web.
Jesús Barcina Burgui lideró el equipo técnico que revisaba las solicitudes digitales entrantes y coordinó programas de asistencia específica para personas en alta exclusión, como menores migrantes no acompañados y jóvenes procedentes de Gambia. En paralelo, Augustin Ndour coordinó la asistencia directa sobre el terreno a quienes estaban desbordados por la carga administrativa de los municipios.
La FCG no solo tramitó expedientes: monitorizó la ejecución en tiempo real y publicó informes sociodemográficos elaborados con la información de su propia plataforma de certificados de vulnerabilidad.
de las solicitudes procedían de América Latina, con Colombia como país de mayor volumen de expedientes tramitados.
de los solicitantes vulnerables llevaba viviendo en España menos de dos años, un dato que contradice buena parte del discurso político sobre el perfil del colectivo.
por ciento de hombres y de mujeres: un perfil de género prácticamente equilibrado, frente al estereotipo dominante.
Figura 3 · Estudios estadísticos de la FCG, 2026, elaborados a partir de su plataforma de certificados de vulnerabilidad.
Durante la fase de aplicación, la frontera de Ceuta vivió una grave crisis geopolítica que determinados medios y partidos atribuyeron de inmediato a un «efecto llamada» provocado por el decreto de regularización.
Para contrarrestar ese relato, la FCG desplegó recursos de monitoreo sobre el terreno bajo la dirección de investigación de Jorge Serrano Paradinas y Augustin Ndour. El informe independiente resultante demostró con datos verificados que los sucesos de la frontera estaban completamente desconectados del proceso nacional de regularización, y los expuso como una maniobra geopolítica.
La reacción llegó en forma de carta: una coalición de 22 líderes políticos europeos envió un escrito conjunto a la Comisión Europea y al Consejo Europeo culpando explícitamente a la ventana de regularización extraordinaria española de crear un «efecto llamada» y responsabilizándola de lo que calificaron como una invasión fronteriza.
La crisis alcanzó visibilidad mundial cuando Donald Trump y su equipo reutilizaron las imágenes de los cruces fronterizos en campañas políticas en Estados Unidos. Simultáneamente, ministros del Gobierno marroquí reclamaron explícitamente Ceuta y Melilla como territorio marroquí, y representantes diplomáticos israelíes emitieron reacciones oficiales que intentaban vincular la política migratoria interna de España con conflictos de seguridad más amplios.
La contraofensiva fue documental. Jorge Serrano Paradinas grabó una declaración en vídeo basada estrictamente en las pruebas del informe de Ceuta, y la infraestructura digital de la plataforma permitió sortear los bloqueos mediáticos: el informe completo y el vídeo de respuesta se enviaron directamente a las direcciones oficiales de los parlamentarios de todos los parlamentos nacionales de la Unión Europea.
La regularización española es retroactiva por diseño. El requisito de residencia previa al 1 de enero de 2026 hace materialmente imposible que una entrada posterior se beneficiara del proceso. Que una red de desinformación usara la palabra «regularización» para dar verosimilitud a un bulo no convierte a la ley en responsable del desorden que otros fabricaron.
La transición de cientos de miles de trabajadores desde la economía sumergida al empleo formal ha producido una expansión de los ingresos públicos sin precedentes recientes.
La mayoría de las personas regularizadas se ha incorporado al sistema como trabajadores activamente ocupados, formalizando puestos que ya desempeñaban en la economía sumergida. Esa mano de obra está ahora sujeta a tributación directa por IRPF y a los impuestos indirectos al consumo, lo que genera liquidez inmediata para la tesorería estatal y reduce el déficit sistémico de la Seguridad Social.
El efecto ha situado a España en clara divergencia respecto al núcleo de la eurozona. Instituciones de inversión internacional como Goldman Sachs señalan la gestión migratoria y la resiliencia del mercado laboral como los pilares de ese diferencial de crecimiento.
Figura 4 · Previsiones de crecimiento para 2026 recogidas en el informe.
Es imprescindible contrastar estos indicadores con el deterioro de las condiciones de vida de la población general. Pese al crecimiento del PIB y al aumento de los ingresos fiscales, el ciudadano medio afronta un estancamiento de los salarios reales desde el año 2000 que ha colisionado con una subida descontrolada de los precios del alquiler.
Esta crisis de la vivienda actúa como una carga universal que afecta por igual a la población nacional y a las comunidades migrantes. Las mejoras agregadas no están aliviando un descontento social generalizado.
Con la conclusión del proceso, el desfase estadístico de personas migrantes indocumentadas que viven en España se ha reducido prácticamente a cero. La FCG sostiene que resolver la irregularidad acumulada crea la oportunidad política y económica ideal para pasar de medidas de emergencia reactivas a políticas estructurales proactivas: la ampliación y diversificación urgente de vías migratorias seguras, legales y regulares como única solución sostenible a largo plazo.
Pese al éxito legislativo, el marco institucional sufre un colapso administrativo que no se limita a los expedientes de la regularización extraordinaria: afecta gravemente a todos los procedimientos de extranjería estándar.
El punto más grave se manifiesta a diario en el sistema de cita previa obligatoria para la recogida de datos biométricos. Las personas migrantes afrontan meses de espera solo para acceder al trámite de huellas necesario para obtener su Tarjeta de Identidad de Extranjero (TIE). Agilizar, digitalizar y simplificar drásticamente esos pasos es hoy el reto más urgente para que el estatus legal se traduzca en inclusión institucional real.
En el plazo de un año, cerca de un millón de renovaciones adicionales saturarán un sistema de extranjería que ya está colapsado. En junio de 2026, los ayuntamientos y oficinas de extranjería acumulaban hasta cinco meses de retraso en Madrid.
Para evitar una crisis generalizada de irregularidad sobrevenida, la FCG ha diseñado una alternativa estructural y digital. Presentado oficialmente como proyecto piloto para una subvención pública en el marco de la Agenda 2030, «Una Más» es un sistema de apoyo técnico-administrativo de alcance estatal para agilizar la renovación de las autorizaciones de residencia y trabajo.
Capitaliza la experiencia técnica acumulada con Wikizens.com y certificadovulnerabilidad.es en una plataforma de doble entorno: una interfaz de usuario que permite fotografiar y subir toda la documentación desde el móvil, evitando colas y citas innecesarias, y un panel de administración con infraestructura de inteligencia artificial que apoya a los equipos jurídicos en la lectura, clasificación y detección de documentación incompleta o errónea antes de su presentación oficial.
Como entidad acreditada y autorizada por la Dirección General de Migraciones, la FCG actuará como intermediario legal directo: su equipo técnico preverificará, compilará y presentará los expedientes completos en la plataforma del Ministerio (Mercurio) en un plazo inferior a 24 horas. Esto reduce los errores de tramitación, elude la dependencia de asesorías jurídicas privadas de alto coste y garantiza el cumplimiento institucional.
Tramitar un mínimo de 10.000 solicitudes. El proyecto operará a nivel nacional en colaboración con redes como CEPAIM, SJM y Farmamundi.
Además de la cobertura estatal, habrá acompañamiento sobre el terreno, talleres comunitarios y asistencia técnica en Madrid, Almería, Granada y Bilbao, cuatro territorios estratégicos de alta inmigración.
Incluye el desarrollo completo de cada fase: el origen tras el rechazo de 2020, el papel de cada organización promotora, la arquitectura digital de Wikizens, los registros de recogida de firmas, la negociación parlamentaria, la implementación del Real Decreto, los estudios sociodemográficos y el impacto macroeconómico medido a 30 de septiembre de 2026. Disponible en español y en inglés. Descarga libre y reutilización citando la fuente.