Ceuta no ha vivido una avalancha migratoria espontánea. Ha vivido una jugada geopolítica que utilizó a miles de personas como instrumento de presión. Entender eso es la condición para resolverlo sin ceder al chantaje y sin caer en la brutalidad que nuestros adversarios esperan grabar.
personas entraron en Ceuta los días 30 y 31 de julio de 2026
regresaron a Marruecos por su propio pie en las semanas siguientes
permanecen hoy en Ceuta según nuestro recuento sobre el terreno, frente a las 4.000 que reconoce el Gobierno
Ver mapa de la distribuciónniñas de entre 12 y 17 años duermen a la intemperie en un campo de fútbol sala
Quien controla el Estrecho controla la llave entre el Mediterráneo y el Atlántico. Ceuta no es un problema de perímetro: es una posición disputada en un tablero internacional sin árbitro.
La movilización de finales de julio no fue espontánea. Se organizó sobre una campaña coordinada en redes sociales que manipuló deliberadamente una sentencia del Tribunal Supremo sobre devoluciones en frontera y difundió un bulo simple y eficaz: que la puerta estaba abierta y que quien cruzara esa noche sería regularizado de forma automática.
Durante aquellos días, tres ministros marroquíes —Abdellatif Ouahbi, Ahmed Toufiq y Nizar Baraka— declararon públicamente que Ceuta y Melilla pertenecen a Marruecos. Y días antes de la entrada, el Congreso de Estados Unidos aprobó un documento que describía ambas ciudades como territorio marroquí administrado por España.
A ello se suma que el Gobierno español ha denunciado la participación de cuentas israelíes en la proliferación masiva de los bulos que desencadenaron la movilización.
La paradoja de fondo es la que explica todo lo demás: España y Europa llevan años subcontratando la defensa de esta frontera al único país que no la reconoce. Desde 2018, las cantidades transferidas por España y la Unión Europea a Marruecos para control migratorio, equipamiento policial y gestión de fronteras alcanzan los 2.000 millones de euros. Al confiar el control al despliegue del lado marroquí, se redujeron las capacidades operativas del lado español y se entregó a Rabat una llave maestra.
En el análisis de esta interferencia extranjera en redes, el propio Ejecutivo español ha denunciado una implicación determinante de cuentas vinculadas a la inteligencia de Israel. La denuncia fue formulada por el presidente del Gobierno en declaraciones recogidas, entre otros medios, por la Cadena SER y la agencia Reuters.
Lo que se busca con una acción así no es solo la desestabilización. Es provocar una reacción mal calculada de España y de Europa frente a las personas migrantes, y cobrarse el desprestigio internacional que esa reacción produciría.
Veintidós líderes europeos culparon a la regularización extraordinaria española dos días después de la entrada. La norma exige acreditar residencia en España antes del 1 de enero de 2026. Quien cruzó el 30 de julio no podía acogerse a ella bajo ningún supuesto. No es una opinión: es una fecha de corte verificable.
Que la red de desinformación usara la palabra «regularización» para dar verosimilitud al engaño no convierte a la ley de regularización en responsable del desorden que otros fabricaron.
La agresión trasciende la relación bilateral entre España y Marruecos: responde a la maduración del eje geopolítico trilateral EE.UU.–Marruecos–Israel, formalizado en diciembre de 2020 bajo los Acuerdos de Abraham. Marruecos busca la claudicación española sobre el Sáhara Occidental y forzar a medio plazo la cesión de Ceuta y Melilla. Estados Unidos responde a la negativa española a ceder Rota y Morón y al límite español en el gasto de la OTAN. Israel pretende debilitar la autoridad moral de España tras años de acusaciones de genocidio por parte del Gobierno español.
El Gobierno Central cuenta 4.000 personas. Nuestro recuento sobre el terreno, punto por punto, localiza a 12.000. La diferencia no es ideológica: el Estado solo cuenta a quien ocupa una plaza formal. Quien duerme en la playa no existe en la estadística del gobierno central.
El primer día de curso faltó el 30% del alumnado de media en toda la ciudad autónoma. En el colegio Príncipe Felipe acudieron 19 alumnos de los 200 matriculados. Durante el verano se confirmaron intrusiones y destrozos en al menos siete centros educativos, asaltados por personas que buscaban desesperadamente un techo bajo el que dormir.
El desgaste es real y es acumulado: cansancio, sensación permanente de inseguridad y una convivencia tensionada hasta el límite. Reconocerlo no debilita ningún argumento humanitario. Negarlo, sí.
El Hospital Universitario de Ceuta ha mantenido su ocupación de camas estable en torno al 50%. Nunca hubo más de 12 pacientes migrantes ingresados a la vez. No se suspendió ni se aplazó ninguna operación ni consulta programada a la población ceutí. Decirlo con datos también es defender a Ceuta frente a los bulos.
El Estado contabiliza únicamente a quien ocupa una plaza en un recurso formal: poco más de 2.000 personas. El resto —cerca de 10.000— está en grandes carpas levantadas sobre suelo militar y en descampado, playas y calles.
Publicar dónde está cada grupo, con cuántas personas y en qué condiciones, es una aportación de transparencia que hasta ahora no había hecho ninguna administración. El mapa que sigue sitúa cada uno de los trece puntos.
Nº y vulnerabilidad en tiempo real. El recuento distingue entre quien tiene una plaza formal, quien malvive en una gran carpa y quien duerme directamente a la intemperie. Esa gradación, y no solo la cifra total, es lo que define la urgencia.
Los únicos que el Gobierno central contabiliza
Techo de lona, sin plaza ni expediente
Sin techo y, en la mayoría de los casos, sin gestión institucional
12.000 personas localizadas sobre el terreno. El Gobierno central reconoce 4.000: exactamente las que ocupan una plaza formal.
Mapa «12.000 migrantes hoy». Número y vulnerabilidad en tiempo real. Elaboración propia de la Fundación para la Ciudadanía Global a partir de la visita de investigación realizada en Ceuta del 1 al 4 de septiembre de 2026.
Abrir el mapa en Google Maps ↗La política de ofrecer lo mínimo indispensable para forzar salidas «voluntarias» ha superado todos los límites éticos y además ha dejado de funcionar. No se piden edificios: se piden tiendas de campaña, tres raciones diarias, duchas, letrinas y condiciones dignas de salubridad. Y, con máxima urgencia, seguridad y protección para los menores que duermen al raso. Ceuta no tiene recursos para esto. El Estado sí los tiene, y sobradamente.
Unas 2.000 de las 12.000 personas están protegidas por el ordenamiento jurídico internacional: familias con menores, los menores (en especial las 300 niñas en condiciones de absoluta desprotección en el barrio de El Príncipe) y solicitantes con perfil claro de asilo. Trasladarlas a la península no es ceder al chantaje: es aplicar la ley de protección de la infancia y el estatuto de refugiado. El Estado demuestra su fortaleza cuando cumple la legalidad internacional, distinguiendo con nitidez la acción humanitaria reglada de la claudicación.
Queda entonces la decisión difícil: qué hacer con las otras 8.000 personas, en su gran mayoría marroquíes, mayores de edad y sin perfil de asilo. De la respuesta que reciba ese grupo depende que la crisis se cierre o que se repita con mayor magnitud.
El capítulo siguiente explica por qué esa decisión lleva más de un mes bloqueada, y por qué el bloqueo no está en Madrid ni en Bruselas.
No hablamos de devoluciones en caliente. Los retornos formales, individualizados y con garantías, son legales y consistentes con la normativa española, europea e internacional. El problema no es la ley española. Es la ventanilla marroquí.
Sin la firma de un salvoconducto por parte del consulado de Marruecos, la ley española prohíbe expulsar forzosamente a una persona indocumentada. Marruecos lo sabe y utiliza la parálisis consular para evitarlo. No hay un colapso técnico en sus consulados: hay una estrategia deliberada, sostenida y perfectamente coherente.
El criterio que la ordena es siempre el mismo. Marruecos colabora en todo trámite que no implique admitir la soberanía española sobre Ceuta, y bloquea todo trámite que sí la implique, aunque sea de forma indirecta. Tramitar un expediente dentro de Ceuta sería reconocer que la Delegación del Gobierno tiene potestad sobre ese territorio.
Emiten pasaportes, antecedentes y actas de nacimiento de forma exprés. Legalizar a la diáspora garantiza remesas y alivia la presión social interna.
Se niegan a tramitar o validar ningún documento si el solicitante se encuentra en las ciudades autónomas o entró por ellas.
Cuando España envía huellas para la expulsión legal, los consulados dilatan la confirmación de identidad alegando fallos de sistema o saturación de agenda.
Indiferencia administrativa y mínima proactividad para localizar familias. Su tutela pasa a ser un coste exclusivo de las comunidades autónomas españolas.
Exigen a gritos ante los medios la repatriación inmediata de sus niños y paralizan en la sombra las autorizaciones paternas y los salvoconductos que la harían posible.
Más de cien personas fallecidas enterradas en fosas numeradas en Ceuta. Condicionan la entrega de los cuerpos a que se les entreguen también los menores vivos sin garantías.
Abrieron el portón de El Tarajal a unas 48.000 personas en dos días sin identificar a ninguna. Retenerlas habría provocado revueltas en sus propias provincias de origen.
Cierran el acceso a sus bases biométricas. Si el interlocutor pasa de una España debilitada a Bruselas, Berlín y París, pierden su moneda de cambio.
Mantener a miles de personas en un limbo jurídico dentro de Ceuta no es un efecto secundario del bloqueo. Es su objetivo.
El informe descarta con el mismo rigor las dos salidas que dominan el debate público. No por moralismo: por consecuencias verificables.
Conceder documentación tras un cruce masivo validaría involuntariamente las falsas promesas que se difundieron para provocar la crisis, y comprometería gravemente la seguridad en la frontera.
El mensaje que recibirían las redes de tráfico de personas es que la presión masiva altera la legalidad del Estado receptor. La consecuencia previsible son nuevos asedios, consecutivos y de mayor magnitud. El traslado directo e incondicional a la península produce el mismo efecto.
El marco normativo permite el retorno forzado una vez denegado el asilo. El obstáculo aquí no es ético sino operativo: sin colaboración consular marroquí no hay expulsión posible, y es materialmente imposible detener una a una a 8.000 personas dispersas por la ciudad, las playas y los montes.
Un despliegue así produciría persecuciones y enfrentamientos en el entorno urbano de Ceuta con miles de móviles grabando. Es exactamente la imagen que se está esperando para desgastar la posición internacional de España.
Las dos columnas del escudo español son geografía real: el Peñón de Gibraltar a un lado y el monte Hacho, en Ceuta, al otro. Durante siglos marcaron el Non Plus Ultra, el fin del mundo transitable. Carlos I, tras el descubrimiento de América, mandó arrancar el «Non» y grabó a fuego el Plus Ultra: las torres fronterizas dejaban de ser barreras de reclusión para convertirse en puertas de salida.
Reducir Ceuta a una valla o a una disputa de trincheras ideológicas es volver a esa superstición medieval de Non Plus Ultra. Y es morder el anzuelo.
La propuesta se basa en cuatro mecanismos complementarios que combinan contención del orden público, incentivo directo a las personas migrantes y corresponsabilidad obligatoria con la Unión Europea. Ninguno de ellos depende de que Marruecos desbloquee una ventanilla.
España ofrece de forma individualizada a cada persona adulta la firma de un acta de retorno voluntario inmediato a cambio de un incentivo sin precedentes: la entrega en firme de un previsado oficial de trabajo o residencia que le permita volver a España legalmente dentro de tres años. Se sustituye la incertidumbre del limbo en la calle por una certeza jurídica a medio plazo.
La objeción evidente es que muchas de estas personas están indocumentadas y que los consulados marroquíes no van a colaborar en identificarlas. La objeción se resuelve sola: la Policía Nacional en Ceuta le toma las huellas dactilares. En el derecho moderno, la biometría es un identificador tan válido y único como un número de pasaporte. El previsado es otorgado a esa huella dactilar.
Su llave para entrar legalmente en Europa dentro de tres años no será un papel marroquí: será su propia huella en el sistema consular español. Es una jugada unilateral. Rabat no puede bloquear un trámite en el que no participa.
Ceuta no es solo una frontera española: es la frontera sur de la Unión Europea. España puede exigir la activación de los mecanismos de solidaridad y reparto entre Estados miembros y la implicación directa de Bruselas en la mesa, como ya se hizo con el programa de reubicación de refugiados sirios desde Italia y Grecia entre 2015 y 2017.
La UE dispone además de una palanca que España no tiene sola: condicionar los fondos europeos de control migratorio que recibe Marruecos al cese del bloqueo consular (los fondos otorgados a Marruecos desde España y desde la UE desde 2018 para la gestión de flujos migratorios, equipamiento policial y gestión de fronteras alcanzan los 2.000 millones de euros). Esto eleva el conflicto de un plano bilateral a uno comunitario. Frente a Bruselas, Berlín y París, el coste político de sostener el bloqueo se vuelve inasumible para Rabat.
Mientras se habilita la salida de Ceuta de las 12.000 personas en situación irregular, hace falta una infraestructura estatal de contingencia: alojamiento en módulos, tres raciones diarias, atención sanitaria de urgencia, agua corriente, duchas, letrinas conectadas al alcantarillado y espacios de formación. Concebido bajo estándares de Naciones Unidas y cofinanciado por España y la Unión Europea.
Dentro se instalarían de forma permanente las oficinas de la Policía Nacional y de la Oficina de Asilo y Refugio, para aplicar el filtro biométrico y tramitar caso a caso los visados diferidos o las derivaciones a otros Estados europeos, siempre bajo supervisión judicial.
El centro no funciona por la fuerza, sino por atracción. No es viable ni se pretende capturar a miles de personas que hoy transitan libremente. Funciona porque resuelve de forma digna el techo, la comida y la salubridad frente a la intemperie, y porque es el único canal donde el Estado resuelve efectivamente el futuro de cada persona. Eso pone fin de inmediato al drama de las familias durmiendo al raso y devuelve la normalidad a las calles de Ceuta.
Ante una ciudadanía exhausta y una población migrante al límite, y dado el tiempo que requiere implantar las soluciones de fondo, el informe considera imprescindible la adopción inmediata del estado de excepción para forzar de forma urgente el retorno a la normalidad en las calles.
De los mecanismos de alarma que habilita la Constitución, es el más adaptado y eficaz: el estado de sitio resultaría jurídicamente desproporcionado por estar reservado a insurrecciones armadas, y el estado de alarma carece de las herramientas coercitivas necesarias para atajar problemas de orden público.
Su finalidad es estrictamente el control de los movimientos en la vía pública: otorgaría a las autoridades competencias directas para prohibir concentraciones conflictivas, restringir el tránsito en zonas de asentamientos ilegales y agilizar los controles, devolviendo de inmediato una sólida sensación de seguridad a las barriadas ceutíes. La declaración de un estado de excepcionalidad no altera lo más mínimo la legislación internacional, el marco europeo ni los tratados de derechos humanos a los que España está adscrita.
La primera lección estructural de julio es el fracaso del modelo de externalización de la frontera. No tiene sentido político, económico ni militar que España y la Unión Europea sigan transfiriendo más de 2.000 millones de euros a un país que no reconoce esa frontera, que considera a Ceuta y Melilla territorios bajo ocupación y que utiliza de forma calculada el descontrol migratorio como arma de presión.
La protección de la frontera sur debe volver a ser competencia directa y autónoma del Estado español, con apoyo europeo y con refuerzo permanente de capacidades tecnológicas y policiales en territorio propio. Cualquier transferencia futura de fondos debe quedar condicionada, con cláusulas de obligado cumplimiento y auditoría internacional, a una colaboración simétrica y verificable.
Migrar legalmente a España es hoy prácticamente imposible por la inviabilidad práctica de obtener un visado laboral en los consulados españoles en el exterior. Esa rigidez es la que empuja a la vía irregular a cientos de miles de personas que podrían llegar por la vía ordinaria.
Al mismo tiempo, España y Europa afrontan un invierno demográfico con escasez crónica de personal en construcción, agricultura tecnificada, transporte, hostelería, mantenimiento de renovables y sector sociosanitario. La propuesta es un Plan Migratorio Nacional por cuotas de país de origen y sector profesional, planificado con años de antelación, aplicando el mismo mecanismo de visado diferido desde origen: certeza jurídica hoy, incorporación laboral dentro de tres o cinco años.
Quien tiene un billete garantizado a futuro no paga a una mafia por una travesía letal. El sistema acabará saturándose y no lo evitará para todas las personas, pero desactiva la vía irregular por puro absurdo económico para miles de ellas.
Blindar la valla es un parche si no se combate la fuerza motriz de la desesperanza en origen. El informe reclama precios justos y reales por los recursos naturales africanos, el fin de los aranceles que castigan al producto africano ya transformado, y una cooperación reorientada a la transferencia tecnológica y la soberanía energética.
Tras la pérdida de la hegemonía estadounidense, el orden internacional ha derivado hacia una multipolaridad agresiva y sin arbitraje, donde el drama humanitario se usa como munición. La UE debe liderar una reforma profunda de la ONU, con mecanismos de sanción vinculantes y tribunales eficaces.
Incluye el desarrollo completo del capítulo IV sobre la selectividad burocrática consular, el análisis geopolítico del Estrecho, las medidas de contingencia a corto plazo y las propuestas estructurales a medio y largo plazo. Descarga libre y reutilización citando la fuente.
Dos días después de la entrada en Ceuta, veintidós líderes europeos escribieron a la Comisión atribuyendo lo ocurrido a la regularización extraordinaria española. Esta es la respuesta.
Respuesta a la carta de 22 líderes europeos, el 7 de agosto de 2026. «Europe Is Falling Into a Geopolitical Trap: Ceuta and Spain's Regularization» · vídeo publicado en el canal de Jorge Serrano Paradinas.
La regularización española es retroactiva: se aplica únicamente a las personas que ya residían en el país antes del 1 de enero de 2026. No otorga ningún derecho a quien cruce la frontera hoy.
En el vídeo, Serrano explica por qué considera un error político y geopolítico grave atribuir a la regularización lo ocurrido en Ceuta, y repasa el papel de Marruecos en la crisis, los precedentes de 1975 y 2021, el conflicto del Sáhara Occidental y la creciente presión internacional sobre Ceuta y Melilla.
«¿Estamos ante una crisis migratoria o ante la instrumentalización de la migración como arma geopolítica? Europa debe proteger sus fronteras, pero también sus principios, su unidad y su soberanía. No caigamos en la trampa geopolítica.»